Gracias a Dios y a la Virgen Inmaculada todo salió muy bien.

LA INMACULADA GUADALUPANA

Aunque parezca increíble, el día 8 de diciembre no es festivo en México, quizás porque muy cerquita de esa fecha hay otra, en concreto el día 12, que los mexicanos celebran con gran alegría: La Virgen de Guadalupe. Ella es la patrona de México y de todos los pueblos de Latinoamérica. Es difícil resumir la gran devoción y veneración que tienen los mexicanos a “La Morenita”. Como dice la canción, creo que para un mexicano “ser Guadalupano es algo esencial”. Me decía uno muy cercano: “A los mexicanos les puedes intentar cambiar cualquier cosa, aunque no es fácil, pero no les toques a la Virgencita y mucho menos a la Guadalupana”.

La Guadalupana es la Virgen Inmaculada encintada y “con porte y faz” indígena; es decir, “la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive”, que se apareció al indio San Juan Dieguito, allá por el año 1531, en el cerro de Tepeyac (actual México DC). Y nosotros como Hijos de María Inmaculada, religiosos pavonianos presentes en México, hemos hecho todo lo posible por recordar y honrar con alegría a nuestra querida Madre celestial.

Como el día 8 cayó en viernes, y como dije antes fue un día laboral en México, decidimos trasladar nuestra fiesta para el día siguiente. Sin embargo, el Día de la Inmaculada por la noche asistimos, junto con nuestros niños del Albergue, a una eucaristía presidida por el padre Cesar, en un barrio relativamente céntrico de Lagos, que me dejó totalmente impresionado por la majestuosa decoración del altar construido en plena calle, las danzas indígenas, la Coronación, el grupo musical con su tarima espectacular que amenizó con canciones típicas de México la velada posterior a la misa, la devoción de la gente y en especial la gran fe de un joven que era el artífice de todo eso: la misa, los cohetes o voladores, los fuegos artificiales, las comidas típicas en la calle, etc. Eso suponía no solamente muchos días de preparación sino además una considerable inversión económica. Ese joven era además el dueño de la imagencita de la Virgen hecha con hojas de elote. Nos contaba que hace unos años le habían ofrecido 50.000 pesos por esa imagen, pero que jamás la vendería porque para Él la Virgencita lo ha sido todo en su vida. También decía que desde hace varios años él costeaba la mayor parte de los gastos de esa fiesta ahorrando cada mes de su trabajo y pidiendo algo a los humildes pero generosos vecinos que deseaban colaborar. La verdad ese joven me dejó boquiabierto. Pero después me pregunté: ¿Será esa la mejor forma de honrar a la Virgen o quizás Ella prefiera mejor un santo rosario orado con fe en lo más profundo y secreto de nuestro interior? Ella es la Reina del universo, pero a la vez es la Virgen humilde de Nazaret.

El día 9 de diciembre, sábado, tuvimos nuestra Celebración de la Inmaculada: Torneo de fútbol, Santa misa, comida y pastorela de una hora de duración, organizada por el H. Julián, donde los actores eran los niños del Albergue y algunos amigos que nos ayudaron. Nos acompañaron más de 100 personas durante todo el día y gracias a Dios y a la Virgen Inmaculada todo salió muy bien. En la misa de ese mismo día, el hermano Julián Reyes renovó los Votos temporales y recordamos también los 50 años de Profesión religiosa del padre César.

El martes 12, Fiesta de la Virgen de Guadalupe, los niños no tuvieron clase. Y aunque propiamente tampoco es un día festivo en México, casi todo el mundo lo celebró y nosotros también quisimos celebrarlo llevando a los niños a la capillita del Rancho el Fresno, donde también veneran con mucha alegría y devoción a la Virgen de Guadalupe. Además, el sitio es muy bonito, con su laguna y su singular entorno natural. Yo creo que los niños disfrutaron bastante del paseo.

Quiero terminar este artículo recordando las palabras del papa Pablo VI en su visita a México en el año 1970:

“La devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe debe ser para todos vosotros una constante y particular exigencia de auténtica renovación cristiana. La corona que ella espera de todos vosotros no es tanto una corona material, sino una preciosa corona espiritual, formada por un profundo amor a Cristo y por un sincero amor a todos los hombres: los dos mandamientos que resumen el mensaje evangélico. La Virgen Santísima, con su ejemplo, nos guía en estos dos caminos”.

Eso lo decía Su Santidad a todos los mexicanos hace más de 50 años, pero su mensaje siendo válido para hoy: La mejor forma de mostrar nuestro cariño y devoción a la Virgen Inmaculada es siendo buenos hijos suyos, imitando sus virtudes con fe auténtica y alegre y humildad activa y servicial, amando a Dios y amando a nuestros hermanos, principalmente los más pobres y necesitados. Que así sea.

Recordando a nuestro santo Fundador, les dejo “bajo el manto de Jesús y de María”.